8 DE MARZO: HACER LO IMPRESCINDIBLE: MATAR AL ÁNGEL Y DENUNCIAR

 

«El primer deber de una mujer escritora es matar al ángel del hogar»
Virginia Woolf

«Ahora-Aquí. Entre la cocina y la ventana quince pies de cuarto propio y cuatro estanterías. Enfrente mi ordenador»
Remedios Zafra

Las mujeres tenemos que sobrevivir a diario inmersas en una atmósfera de violencia simbólica, de esa cultura androcéntrica y patriarcal. Las mujeres que escribimos y que buscamos ganar un espacio en la Literatura, que no tenemos el respaldo de grandes editoriales, ni amiguetes en los círculos de escritores y poetas reconocidos, que creamos y ponemos nuestra mirada autónoma, profesional, femenina y que limpiamente nos servimos de redes sociales, blog, webs, Internet, nuevas tecnologías que están a nuestro alcance como aliados, como un cuarto propio conectado, para darnos a conocer, para alzar nuestra voz con propuestas creativas, para entrar en ese espacio público con nuestro arte y nuestro oficio, las mujeres que escribimos apostamos por una cultura más ecuánime, más respetuosa, menos elitista, en definitiva.
Y en este continuo quehacer tenaz y paciente, conocemos a través de las redes sociales, en escenarios on-line, a personas que llegan a apreciar nuestro trabajo, gracias a estas nuevas experiencias de comunicación en la red: nuestras relaciones laborales y afectivas mejoran, entablamos amistades generalmente buenas, profundas, fuertes, en mi caso, amistades que se han mantenido hasta el día de hoy. Todo esto me ha enriquecido, gestiono mi tiempo, trabajo, cuido de mis hijos, hago mis lecturas, estudio, mantengo contacto con mis amigos y mi familia y creo profundamente en este espacio público on-line que permite presentar mis obras.
Sin embargo, otras experiencias, ya no son tan buenas, ni tan gratas de contar. Resulta que escribir y ser mujer en el ciberespacio no siempre es tan agradable, a veces te puedes encontrar con personas que no comprenden que mereces respeto y te encuentras con sujetos terriblemente despreciables… Como este caso que quiero denunciar públicamente: ¿Qué pasa con aquellos personajes que no entienden que una mujer que escribe no es un objeto de deseo?¿Qué pasa cuando una mujer dice que NO al sujeto/maltratador/violador/machista y éste no lo entiende? ¿Qué pasa cuando una poeta/mujer dice que NO a un hombre que no entiende lo que significa la palabra NO? ¿Tenemos que aceptar un cyberbullying o ciberacoso?
La violencia de género nos afecta a todos y se expande como un virus, en el ciberespacio, también.
Lo que pasa es que no queremos verlo y cuando una mujer dice NO y repite NO, aparece esa plaga inmunda del sexismo, ese brote enfermo del machismo que ya no sólo lo ves, sino que indigna, fastidia y repugna. Cuando una mujer dice: ¡Ya está bien! ¡BASTA! NO acepto ninguna de tus palabras/ofensas/piropos/halagos/ironías, ya la cosa toma otras dimensiones. Ya no eres tan respetable y tan buena poeta y escritora, eres una zorra/puta/tonta/imbécil/fémina-tonta/chacha/poco-fina/ que no acepta una palabra amable. A cierto sujeto se le olvida que le pasé muchas palabras que me ofendían, muchas insinuaciones, intimidaciones y fui víctima de un ciberacoso. Para ciertos individuos (no quiero llamarlos hombres) las mujeres tenemos que aceptar todos sus atropellos, bajarnos las bragas y decir: ¡Gracias! Sigue diciéndome cosas sexistas, busca adjetivos y compárame con “Gatúbela”, “Wonder Woman”, “Campanilla”, “La abeja Maya” o a quien prefieras… Cualquier heroína me basta.
Cabría preguntarse por qué permitimos que las muestras de violencia se expandan hasta ciertos niveles, habría que analizar por qué pasamos tan ligeramente las primeras muestras. Yo lo hice, hace unos años recibí un edulcorado y nauseabundo texto con una directa y descarada declaración de amor. Un hecho que rechacé contundentemente y no acepté, me parecía una falta de respeto, un hecho inmoral y repulsivo, teniendo en la cuenta que jamás manifesté ninguna simpatía por este “señor”, conocía a su mujer; creí, torpe e ingenua, que éste energúmeno, insecto y ser horrible se le calmarían sus impulsos salvajes. La respuesta de este “individuo” me sorprendió aún más… como me negué a aceptar o apreciar su “regalo”; tenía que salir como todo un macho: le doy “el poemita” a otra que lo valorará, no me importa mi mujer, mi familia, el buen nombre, el respeto y la ética. Y leyendo todo esto y analizando su comportamiento tan reprobable, despreciable, hice lo imperdonable: pasé la página y dejé a un lado mi indignación profunda y me dije: se le fue la pinza, pero le quedó claro que me tiene que respetar, sólo fue un poema… Y volví a caer, lo perdoné, una, dos, tres y todas las veces que me lo cruzaba… Siempre tenía una “palabrita” para mí.
Hoy me siento bastante arrepentida de mi propia estupidez e inocencia. Traté de creer en las buenas intenciones, en el cambio, en la reflexión, pero la vida te demuestra que te equivocas: “el que es no deja de ser”. Hasta ahora y por el porrazo que me he dado: caigo en la cuenta del por qué no se puede dar una segunda, ni una tercera oportunidad a alguien que quiere verte como un objeto.
Hay personajes que creen que sus palabras son una fiesta de “halagos”. Pero, toda persona tiene su límite, una palabra puede convertirse en la última gota que colma el vaso.
Odio tener que hacer esto y escribir desde la indignación. Pero prefiero salir y ponerlo sobre la mesa y decido por primera vez denunciar un hecho tan lamentable. Quizá como regla, a las mujeres nos educaban para quedarnos calladas, para aceptar toda clase de atropellos. ¡Señores, los tiempos han cambiado! Las mujeres ya estamos hartas y denunciamos. No todo vale. Yo dije basta, ¡NO, MÁS!, y también, les descubro por qué grité más fuerte, con más contundencia, por qué ya no soportaba más a este “sujeto”. No es la primera vez que sus palabras me violentaban, siempre estaban cargadas de sexismo y violencia. Una cree que bloqueando a un contacto en Facebook, se libra de su persona. Pero, tal parece que no es así. Recibí otros ataques de otros “sujetos” en mi perfil que me ofendían por mi apariencia física, ¿es un delito tener mi rostro? ¿Es una desgracia que una mujer que escribe sea atractiva? ¿Por ser guapa y decir que NO soy una puta? La noche del 6 de marzo, una mujer que me apoya públicamente y se indigna como tantas otras mujeres, recibe una serie de amenazas y le exige eliminar sus palabras, pretende silenciarla. Lo indignante es que sólo y únicamente es ella la que recibe las amenazas directas de este “sujeto” y por mensaje privado, ¿la amenaza por qué es mujer?, a los hombres/ciudadanos/poetas/amigos/compañeros que escribieron ese día y que me defendieron como hombres que comprenden que a las mujeres se les respeta y se indignaron al leer y ver el comportamiento misógino, machista y poco ético de éste sujeto, no recibieron ninguna amenaza. Es que ellos son “hombres” y con éstos el “sujeto” no se mete.
Existe la violencia de género. Todas las mujeres sin ninguna distinción y por el hecho de ser mujeres, podemos llegar a ser víctimas de la violencia machista. Hoy, 8 de marzo, les pido que no feliciten a las mujeres, éste día no es una celebración por el hecho en sí de ser mujer. Es un día que conmemora y recuerda a las 140 mujeres trabajadoras que perdieron la vida en un incendio en una fábrica de Nueva York. El 8 de marzo es una fecha para evaluar las condiciones de vida de las mujeres, exigir que se cumplan nuestros derechos humanos, es un día para preguntarnos por los avances y retrocesos en materia de equidad de género. En este día reflexiona y cree en un mundo mejor. Yo no quiero flores, ni poemas, quiero sólo que me respeten. Quiero que nunca más muera una mujer, que nunca más a una mujer le desfiguren su rostro, quiero que nunca más me acosen en ningún lugar, yo, como mujer merezco y exijo respeto. Amigas, mujeres, hijas, madres no tengamos piedad y denunciemos. ¡NO AL CIBERACOSO! ¡NO MÁS VIOLENCIA MACHISTA!

Beatriz Giovanna Ramírez
España, marzo 8 de 2014.

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