‘Somos mucho más que dos’ por Manuel Antonio Velandia Mora

 

¿Qué es poesía? – dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

Gustavo Adolfo Bécquer

El título que he puesto a este escrito sobre la poesía de Beatriz Giovanna Ramírez por supuesto nos recuerda a Mario Benedetti y su poema “Te quiero”; sin embargo, es sobre lo que encuentro en su poesía: Beatriz es una mujer que “está siendo” muchas poetas en una.
Para mí, la identidad no sólo no es una, sino que es múltiple y móvil, y el poeta, en este caso la poeta que yo conozco, tiene esa múltiple identidad; por una parte, es la mujer amorosa y por otra, la mujer con un discurso y en una militancia feminista activa. Esto se refleja en los dos libros de poemas a los que quiero referirme: “Antes de entrar en el bosque” y “Poesía de alta traición”.
Estoy totalmente convencido que como dicen Humberto Maturana y Rafael Echeverría “el lenguaje genera mundos”. El lenguaje puede ser por una parte objetivo y por otra, ser el lenguaje de la poesía; el que “rompe esa norma convencional y en el que las palabras pierden su representación estricta para adquirir otra más profunda y como rodeada de un aura luminosa que debe elevar al lector del plano habitual y envolverlo en una atmósfera encantada”, esto es evidente para Vicente Huidobro, quien además afirma: “la poesía es un desafío a la Razón, el único desafío que la razón puede aceptar, pues una crea su realidad en el mundo que ES (ontología de la objetividad) y la otra en el que ESTÁ SIENDO (ontología de la constitutividad) (…) En todas las cosas hay una palabra interna, una palabra latente y que está debajo de la palabra que las designa. Esa es la palabra que debe descubrir el poeta”.
El lenguaje poético de Beatriz me encanta porque es ese lenguaje que descubre; un lenguaje sencillo, cotidiano, poco rebuscado, ese lenguaje que cualquiera puede comprender y que llega directamente a las emociones. Un lenguaje que le permite al lector, con facilidad, generar sus propios mundos, experienciar sus propias emociones. Un lenguaje que se conecta directamente con las experiencias de ser mujer que ama en sus múltiples posibilidades o de ser hombre que se atreve a leer poesía sobre el amor, y en otro sentido, con las vivencias propias o las situaciones emocionadas con las vivencias de otros, me refiero a la violencia de género que nos afecta tanto a mujeres como a algunos hombres.
Considera Angie Simonis que “La poesía es una revelación de la Musa o Diosa, que sólo puede darse en estado de trance y que nada tiene que ver con el conocimiento racional o la inteligencia, sino con el instinto y el estado onírico”. Meilán Castro nos dice que “La poesía es una realidad espiritual que está más allá del arte”. Prefiero pensar que dicha autora no nos habla de lo espiritual en el sentido religioso sino en el sentido de esencia. Mucho se ha escrito y dicho sobre la poesía, océanos de tinta se han invertido en escribir sobre ella, pero me atrae y sorprende la idea de que se piense que esa realidad espiritual que es la poesía, incluso la escrita por hombres, es algo femenino. Al respecto dice Angie Simonis. “Cuando los hombres, como Machado, Juan Ramón Jiménez o Miguel Hernández se acercan a la naturaleza y a la vida y la intentan trascribir al lenguaje, se convierten en hijos de la Diosa y su alma se viste de mujer.”  No creo en la poesía como algo femenino porque considero que tanto mujeres como hombres son seres emocionales que razonan y no, seres racionales que se emocionan o que las emociones son cualidad exclusivamente femenina.
Los epígrafes que se colocan al iniciar ciertos textos y poemas son una declaración de intenciones. Me atrae reflexionar sobre quiénes son los autores a los que hace referencia Beatriz en los epígrafes de sus libros de poemas.
Los de “Antes de entrar en el bosque” son extraídos todos de poemas escritos por hombres, son epígrafes que anteceden a textos sobre el amor.

Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Antonio Machado

En el camino de los perros mi alma encontró
a mi corazón. Destrozado, pero vivo,
sucio, mal vestido y lleno de amor.

Roberto Bolaño

Cada niño que viene al mundo nos dice:
“Dios aún espera del hombre”

Rabindranath Tagore

El género de los autores de los epígrafes tiene una gran significancia, en el sentido en que pareciera que la escritura sobre el amor que moviliza a Beatriz es la masculina; sin embargo, y no es una contradicción, los poemas de “Antes de entrar en el bosque” son profundamente femeninos. Son poemas que muestran el amor como un proceso del “estar siendo” en permanente construcción y aprendizaje y por otro lado, un proceso prospectivo, porque como afirmara Gabriel Celaya: “La poesía es un arma cargada de futuro”. Veamos algunos fragmentos de poemas que corroboran éstas afirmaciones:

Pasado

No se llega a la vida de alguien
Vacío

 

La voz del campo

Somos dos en el campo,
dos que se visten con humo
y yerba del suelo.
Dos que han caminado por España
y han contado los garbanzos.

 

En la eternidad del bosque
Voy en otra dirección
por eso nos perdimos;
mejor: yo me encontré
y él siguió otro camino. (…)

*

Siempre hay una abertura
por la que se cuelan la luna,
el sol y las campanas.

Mujer:
Tu sonrisa está llena de verdes caminos
en los que palpita la felicidad.
Eres libre, estás llena de luces y colores,
en tus manos has arrullado a tus hijos
y has soñado los sueños más hermosos,
has derramado de tus pechos la leche con sabor a verdadero amor.

En las manos de Ariadna
Tiemblan mis manos al mecerte, Ariadna.
Un laberinto espera a que lo crucemos con vida. (…)

Tiemblan mis manos al mecerte, Ariadna.
Un laberinto espera a que lo crucemos unidas

Los poemas de “Poesía de alta traición” son sobre la violencia de género. Los epígrafes de este libro son tomados de poemas escritos por mujeres; al inicio de cada uno de los cinco capítulos que lo conforman hay uno de ellos:

I. Retratos
«… soy el olvido, la traición,
el caracol que no guardó del mar
ni el eco de la más pequeña ola.»

Rosario Castellanos

II. Fugas

«Henos aquí hace un siglo, sentados,
meditando encarnizadamente
cómo dar el zarpazo último que aniquile
de modo inapelable y, para siempre, al otro.»

Rosario Castellanos

III. Rituales

«La muerte no tiene metáfora
es simple y clara»
Regina José Galindo

IV. Leyes

«Este país sabe que no quiero ver su vientre adolorido,
sus vísceras laceradas, las cicatrices de múltiples heridas
la huella de punzantes dardos, de puñales enterrados.»

Gioconda Belli

V. De máquinas y flores

«Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.»

Gabriela Mistral

En “Poesía de alta traición” Beatriz nos presenta esas múltiples identidades de las que ya hablamos; no solo es ella quien habla, es al mismo tiempo la voz de cientos de miles de mujeres víctimas de crímenes de odio que en muchos casos llegan al asesinato. Veamos algunos fragmentos de sus poemas:

La tormenta
Mi pecho se ha llenado de gritos comidos.
Mi garganta
de ecos silenciosos que pesan.

Las rociadas
Duele este instante en el que escribo sobre un destino.
Una poeta no puede olvidar la carne de la que está hecha.
Soy una mujer con rostro que se desmorona
escribiendo sobre sus mujeres rociadas.
Las palabras que tengo traen sus voces.
La primera voz que puede ser la de todas:
Un instante rociadas, una larga vida malditas,
condenadas por una injusta sociedad absurda.
Mi propia voz:
Quién rechaza un rostro aplaude al agresor,
oprime a la víctima indefensa y la sepulta en vida.
Tercera mujer que me abraza:
Cuántos disparates, apartadas en un rincón,
en un cuarto oscuro sin ventanas,
en las murallas de la indiferencia.
Cuarta mujer que reclama:
No hay trabajo ni suerte.
Sólo respiramos exclusión.
Quinta mujer que me revela sus quemaduras:
Condenadas a llevar una máscara.
A pudrirnos en la marginación de la suerte.
Sexta, séptima, octava mujer:
Exclusión, sólo exclusión como respuesta.
Décima mujer que llora:
Somos un trozo de recuerdo de lo que antes era.
Centenares de mujeres con una vieja foto con rostro:
Fuimos carne calcinada y respiramos.
Somos las rociadas que luchan para que ninguna más
tenga llamas en los ojos, para que toda mujer
tenga derecho de brillar como la luna.

En el primer fragmento nos habla en primera persona, en el segundo poema, el cual transcribo en su totalidad, ella es su propia voz e igualmente, una primera, segunda, tercera… mujeres, es centenares de mujeres torturadas de por vida.

Dice Miguel Ángel Yusta, hablando de la poesía de Beatriz, “Hay poetas que escriben por puro placer, porque gozan y se renuevan con cada palabra”. Yo agrego, hay poetas que escriben por puro dolor, porque sufren y mueren con cada palabra.
Afirma Yusta: “La poesía que descubre la intimidad del alma, siempre vive, resurge, permanece y emociona en las más diversas voces y en todo tiempo y lugar”. Yo reafirmo, la poesía de Beatriz Giovanna Ramírez tiene esa cualidad, porque logra que sus lectores no olvidemos que amamos, que nos duele el dolor, que seguimos vivos y que no podemos permitirnos dejar de sentir, que es necesario actuar y que no podemos callar.

Manuel Antonio Velandia Mora

Alicante, España. 27 de febrero de 2015

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 Doctor por la Universidad de Alicante. Doctorado en Enfermería y Cultura de los cuidados. Doctorando. Doctorado en Intervención Psicopedagógica. Universidad del País Vasco, San Sebastián, España. Máster en Gestión de las Políticas Migratorias e Interculturalidad. Universidad de Alicante, Alicante, España. Máster en Educación. Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá, Colombia. Especialista en Gerencia de Proyectos Educativos Institucionales. Universidad Cooperativa de Colombia – Bogotá, UCCB, Colombia. Sexólogo, Miembro titular Sociedad Colombiana de Sexología, Perfeccionamiento en Aplicaciones educativas en Internet. Pontificia Universidad Católica de Chile, PUC, Santiago de Chile, Chile. Licenciado en Sociología. Homologación. Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Alicante. Licenciado en Sociología. Universidad Cooperativa de Colombia – Bogotá, Colombia.

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